Mi madre
He confundido a un gallo con mi madre. No suele pasar muy a menudo, pero sí de vez en cuando. Andaba yo en busca de los huevos y he visto a mi madre que ha resultado no ser mi madre, solo era uno de los gallos. Mi madre estaba en la otra esquina, lamiéndose las patas, hecha un gurruño, como un gatillo chico. Yo le digo siempre « Madre entre para dentro que se va a helar ahí» pero ella no quiere, hace como que maúlla mientras se limpia los bigotes. De luto riguroso y con un roete como el de Doña Angelita, mi madre se mezcla con los perrillos, los gatos, las gallinas, los palomos, las ovejas, las tres vacas… y muchas veces no la encuentro, aunque sé que siempre está; ya no tiene celo para ir por ahí buscando por los corrales de las vecinas.
Mi madre ya no habla porque no lo necesita y escucha solo cuando le conviene. Se me restriega por los pantalones cuando salgo a tender y recibe gustosa las caricias detrás de las orejas pero me saca los dientes y las uñas si intento cogerla. De vez en cuando le corto un poquito de jamón y le pongo al laíto una muda nueva, oliendo a limpito. El jamón siempre se lo come; la muda a veces la usa, pero otras tantas solo la desperdiga por ahí. Está la primera cuando salgo a regar con la manguera, pega saltos intentando coger el chorro del agua « Madre apártese usted que va a coger una pulmonía con tanta agua». Desde que cogió esa manía engancho la goma en el tanque del termo, e intento que el agua no esté tampoco demasiado caliente porque el cambio de temperatura se me la lleva por delante. Cuando dejó de usar la cama que le saqué fuera, le puse unas cuantas de mantas viejas para que se echara, le gustó aquello. Con lo del agua tampoco me rechaza las toallas de su ajuar: no sé si es por el recuerdo, la propiedad o lo bien que se lo pasa jugando con los encajes.
A veces, cuando no están ninguno de mis chicos en casa, me tiro con ella al suelo y me revuelco bajo el sol mientras pienso en el tiempo que me queda para perderme yo también entre las piernas de quien tiende, en si me cortarán jamón o no y en si querré entrar en casa con ellos para meterme debajo de la mesa camilla. En si ellos querrán acariciarme detrás de las orejas, cepillarme el pelo y cambiarme a diario de muda.
Qué lejano e incierto me parece todo; qué a gusto estoy aquí llena de barro y caíllos.
Publicado en Medium el 1 de enero de 2021.
Escrito el mismo día.
